El reinado imposible de José I

Francisco Juez Juarros - paco@atacama.es

Antes de dar gracias al Arbitro de todos los destinos por mi vuelta á la capital del reino, que ha confiado á mi cuidado, quiero corresponder al recibimiento afectuoso de sus habitantes, declarando á los pies del mismo Dios vivo, que recibió vuestro juramento de fidelidad á mi Persona, mis mas secretos sentimientos.

Protesto pues delante del Dios que conoce el corazon de todos, que solo el deber de mi conciencia, y no las pasiones privadas, me lleva al trono de España.

Estoi pronto á sacrificar mi felicidad, porque pienso que necesitais de Mí para hacer la vuestra.

La unidad de nuestra santa religion, la independencia de la monarquía, la integridad de su territorio, y la libertad de sus ciudadanos son las condiciones con las quales he aceptado la corona. No se envilecerá sobre mi cabeza; y si los deseos de la nacion corresponden, como no dudo, al desvelo de su REI, no tardaré en ser el mas feliz de todos, porque lo sereis vosotros.

Con estas palabras, pronunciadas el 22 de enero de 1809 en la iglesia de San Isidro, José Bonaparte expresaba sus ideales reformistas para el reino que su hermano Napoleón le había impuesto gobernar. Sin embargo, las extrañas circunstancias que le llevaron al trono provocaron el estallido de una guerra nacional, que truncó sus deseos y tan sólo cuatro años después dejó para siempre Madrid y España.

Durante este breve periodo (1809-1813) José I impulsó una intensa actividad en diferentes ámbitos. Madrid, sede de la Corte y, en muchos casos, único lugar verdaderamente controlado por el rey, fue escenario privilegiado de los planes josefinos. Mediante reales decretos, el monarca ordenó derribar iglesias, conventos, palacios y manzanas de casas con el objetivo de abrir nuevas calles, crear plazas en las zonas más abigarradas de la ciudad y mejorar el entorno del Palacio Real. También decretó, por motivos de salud pública, el traslado de los cementerios parroquiales fuera de la ciudad. Desde la Corte se impulsó una ambiciosa y poco realista política educativa, cultural y científica, que tuvo como eje a Madrid y que contó con el apoyo de buena parte de los intelectuales españoles de la época.

Pese a ello, pocos monarcas de la historia de España son tan desconocidos como José I. La caricatura, los tópicos y el olvido voluntario han ocultado el verdadero rostro de un hombre fascinante, al que le tocó ser rey de España y, de hecho, fue el primero que llevó oficialmente tal título, en un contexto muy desfavorable y bajo unas condiciones insostenibles.

Las circunstancias que rodearon su llegada al trono marcaron fatalmente el breve reinado de José Bonaparte (1808-1813). La extraordinaria intriga dirigida por Napoleón para sustituir a los Borbones españoles por su hermano mayor deslegitimó para siempre al gobierno josefino. La ocupación militar, la imposición de la renuncia de Fernando VII y Carlos IV, la presentación de una Carta Otorgada a una junta de notables en Bayona y la aprobación de la misma como Constitución precedieron a la llegada de José a la ciudad francesa tras abandonar el reino de Nápoles, donde gobernaba desde 1806, y su coronación como rey de España y de las Indias.

El nuevo monarca provocó el rechazo de la mayoría de los españoles, tanto de los sectores más absolutistas y reaccionarios como de los liberales patriotas que alumbraron posteriormente la Constitución de 1812. La desacertada estrategia de Napoleón para España provocó una guerra nacional.

José Bonaparte tuvo que reinar, no sólo sobre un país en armas, sino con su independencia e integridad siempre amenazadas por Napoleón, que sólo le entregó el mando del ejército de España en 1812, cuando ya era demasiado tarde, que trató en todo momento de influir en sus decisiones y que llegó a ocupar parte del país precisamente tras la triunfal campaña de José de 1810. El desarrollo de la guerra obligó al rey a contar cada vez con mayor apoyo militar y económico del Emperador, cuyos mariscales en la Península nunca reconocieron la autoridad de José. Esta contradicción entre los proyectos de los dos hermanos dieron al traste con su reinado.

A todo ellos debemos sumar la situación de crisis generalizada del sistema borbónico que encontró José I al llegar a España. La Corona se encontraba en bancarrota, el país sufría una grave crisis económica y el funcionamiento del Antiguo Régimen se había quebrado.

Pese a las terribles circunstancias, José trató en todo momento de gobernar el país, no como un invasor sino como un monarca nacional e independiente de Napoleón, apoyado por un notable grupo de españoles, los llamados "afrancesados". Su deseo de reformismo y de modernización del país impulsó una frenética actividad legislativa contra viento y marea, que, sin embargo, no pudo desarrollarse en la práctica. Asimismo buscó siempre la negociación y la conciliación con el bando patriota.

En un país que José Bonaparte nunca controló del todo, Madrid desempeñó un papel muy importante. Muchas de las medidas sólo se aplicaron en la ciudad sede de la corte ante la imposibilidad de llevarlas a cabo en todo el país. Por real decreto se impulsaron políticas destinadas teóricamente a todo el reino, pero muchas de ellas no pudieron desarrollarse ni siquiera en Madrid. No olvidemos que el rey tuvo que abandonar la capital hasta en tres ocasiones ante la amenaza del enemigo.