Patrimonio industrial en el distrito de Arganzuela

Francisco Juez Juarros - paco@atacama.es

A mediados del siglo XIX los terrenos que conforman hoy el Distrito de la Arganzuela eran un conjunto de huertas, dehesas y terrenos baldíos situados al sur de la cerca histórica de la ciudad, escasamente habitados. Este espacio periférico contaba ya con algunas industrias tradicionales, como tejares y yeserías, que se instalaban fuera del núcleo urbano para evitar molestias a la población. Madoz en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España de 1850 menciona, en efecto, la existencia de 5 yeserías y 6 establecimientos industriales y mercantiles sin especificar.

Recordemos también que una de las fábricas más antiguas de Madrid, la Real Fábrica de Tabacos, construida a finales del siglo XVIII se encontraba muy próxima, junto a la Puerta de Embajadores, pero en este caso en el interior de la cerca.

Fue en 1846 cuando se instaló la primera fábrica moderna en la zona, la Fábrica del Gas, de la que hoy sólo se mantiene en pie una chimenea junto a la Ronda de Toledo. Ubicada extramuros en una zona despoblada, por motivos de higiene y seguridad, producía gas a partir de hulla y resina para el alumbrado público, la calefacción y el funcionamiento de motores industriales. El éxito de este negocio provocó que fuera ampliada y transformada sucesivamente.

Diferentes planos de Madrid reflejan entre los años 60 y 80 del siglo XIX la instalación de un tejar y yeserías en el Paseo de las Delicias, nuevas yeserías al sur de Peñuelas o en la actual calle de Méndez Álvaro, así como una fábrica de aserrar en esta misma calle. Son ejemplos de esta primera fase de industrialización, todavía ligada a actividades tradicionales de carácter casi artesanal.

Fue la irrupción del ferrocarril el factor que transformó este sector de la ciudad a partir de mediados del siglo XIX. La construcción de la primitiva Estación de Atocha en 1851 puso en marcha el desarrollo ferroviario en la zona y sentó las bases para un proceso de industrialización que transformó el paisaje radicalmente, de manera que los campos fueron dejando paso a las fábricas.

La primitiva Estación de Atocha era un pequeño embarcadero de madera desde el que partía la vía férrea que unía la capital con Aranjuez. Cuatro años más tarde la Compañía de Ferrocarriles Madrid - Zaragoza - Alicante (Compañía MZA) pensó en convertirlo en la cabecera de una línea entre Madrid y Levante, por lo que inició la construcción de una nueva Estación de mayores dimensiones, que fue inaugurada en 1865, aunque pronto se quedó también pequeña. Los inmigrantes que llegaban a la ciudad se incorporaban como mano de obra a las obras públicas, en especial a la construcción de esta estación, frente a la mayoría de trabajadores madrileños de origen, que seguían insertos en complejas redes gremiales.

En 1860 se había empezado a construir también la vía de circunvalación entre Atocha y Norte, estación aún en construcción. Era una línea con una sola vía, que discurría en superficie y por algunos túneles, destinada exclusivamente al transporte de mercancías.

Posteriormente se fueron construyendo en nuevas estaciones intermedias en esta línea de circunvalación. La primera de ellas fue la de Delicias, inaugurada en 1880 como cabecera de una línea que unía las capitales española y portuguesa. Con su moderna arquitectura de hierro y cristal fue la mejor estación de Madrid hasta la inauguración de la nueva de Atocha en 1892. Era una estación de viajeros, pero luego se construyeron junto a ella otras dos estaciones, la de Delicias-Empalme y la de Mercancías, que tuvieron gran movimiento, vinculadas a la zona industrial de Méndez Álvaro.

En 1981 se construyó la estación Imperial, en el Paseo del mismo nombre, dedicada al transporte de mercancías, como auxiliar de la del Norte, y situada en la vía de circunvalación. En torno a Delicias y a la Imperial surgieron numerosas fábricas que pudieron abastecerse cómodamente de materias primas a través del ferrocarril.

La última estación construida en la circunvalación fue la de Peñuelas, inaugurada en 1908, en terrenos de la llamada finca de Esperanza, pues así se llamaba según la tradición su dueña en el siglo XIV, que luego la vendió el municipio de Madrid. Fue también una estación auxiliar de la del Norte y dedicada al transporte de mercancías y fomentó asimismo la presencia industrial en sus proximidades y en el sector situado entre ella y la Ronda de Atocha. Cabe destacar también que existían conexiones de las estaciones con ramales a las industrias próximas, como la Fábrica de Cervezas El Águila, sede actual de la Biblioteca Regional, que conserva las vías.

La estación de Delicias se mantuvo en funcionamiento hasta 1971 y en 1984 se reabrió como sede del Museo Nacional Ferroviario. Las estaciones de Peñuelas e Imperial desaparecieron en los años 80 del siglo XX con la operación urbanística del Pasillo Verde después de una progresiva caída de la actividad en las últimas décadas.

Los primeros edificios industriales del Distrito mantuvieron características artesanales. En torno a 1880 aparecieron las primeras fábricas propiamente dichas, ya fueran edificios independientes, ya instalaciones que contaban también con las viviendas de los propios trabajadores; posiblemente fue este último el modelo más generalizado. La tipología más extendida fue la del edificio de cuatro crujías en torno a un patio rectangular, abierto a la calle por un gran paso de carruajes. Normalmente sólo se construían dos pisos, el bajo, en el que se abrían talleres o comercios y el alto, destinado a las viviendas.

La mayor parte de las instalaciones fabriles del actual distrito de Arganzuela han desparecido, pero algunos edificios han permanecido en pie hasta nuestros días, en la mayor parte de los casos adaptados a nuevas funciones. Ocho de estos supervivientes se encuentran en las proximidades de la Biblioteca Regional, que ocupa también una vieja fábrica magníficamente adaptada a su nuevo uso cultural.

La actividad industrial determina un tipo de arquitectura de carácter racionalista, como podemos comprobar en estos ejemplos madrileños, en algunos casos más próximos a los postulados del funcionalismo norteamericano y en otros influidos por el racionalismo europeo. Aunque esta corriente no llegó a su apogeo hasta los años 20 y 30 del siglo pasado, ya los edificios de la última década del siglo XIX presentan rasgos propios del movimiento, que contrastaban fuertemente con los historicismos y eclecticismos dominantes en la arquitectura madrileña. La racionalidad y sentido práctico de los espacios y la sobriedad y ausencia de ornato caracterizan a estos edificios, que, no obstante, en muchos casos incorporan elementos decorativos de moda en la época. Si comenzamos por la última década del siglo XIX, el edificio más antiguo que ha llegado a nosotros es el de los almacenes de Tabacalera, situados en la manzana inmediata a la Biblioteca Regional, en el nº 23 de la calle del General Lacy, obra de Eduardo Hernández, que realizó el proyecto en 1891. Se trata de un edificio con sobrias fachadas de ladrillo al exterior, caracterizadas por sus grandes vanos que iluminan el amplio patio interior en torno al que se organiza el inmueble, según el modelo que definíamos más arriba y señalábamos como más generalizado. Un siglo después Gabriel Allende Gil de Biedma ha rehabilitado el viejo edificio en desuso y lo ha adaptado como oficinas de Aguirre Newman. Es, en definitiva, un edificio discreto y muy funcional, que anuncia sinceramente el racionalismo arquitectónico aún por llegar a su apogeo.

Ya en el siglo XX se construyó la antigua fábrica de maderas situada en la Ronda de Valencia nº 5, de la que sabemos que su maestro de obras fue José Purkiss Zubiría, aunque ignoramos el autor del proyecto. Sólo se conserva la decorativa fachada de ladrillo levantada en la primera década del siglo, ya que el edificio ha sido trasformado en viviendas, locales y piscina entre 1997 y 2001 por José María Otamendi Machimbarrena y José Luis Fernández Zapata. Su planta baja estaba dedicada a almacén y las oficinas se ubicaban en el primer piso, dentro también de un funcionalismo evidente, pero con mayores concesiones al decorativismo en su fachada.

De la segunda década del siglo pasado destaca la Fábrica de Cervezas El Águila, actualmente sede de la Biblioteca y Archivo de la Comunidad de Madrid. Se trata de la segunda cervecera más antigua de Madrid, después de Mahou, ya que fue fundada en 1900. El conjunto fabril ocupó un espacio rectangular situado al norte de la estación de Delicias y conectado con la vía férrea de circunvalación, en el corazón industrial del barrio. Eugenio Jiménez Corera construyó entre 1912 y 1914 la fábrica original, ampliada entre 1915 y 1935 por Sainz de los Terreros, que añadió las cocheras, los módulos de proceso, las bodegas, los silos y la heladora.

El edificio inicial se caracteriza por su pureza de volúmenes y un racionalismo similar al de fábricas centroeuropeas, no alterado por algunos elementos decorativos de ladrillo y cerámica de sabor neomudéjar. La realización posterior de pabellones exentos para cada actividad sigue también esquemas propios del racionalismo arquitectónico europeo. Perdió su actividad fabril en los años 80 del siglo XX y estuvo a punto de desaparecer hasta que fue adquirido por la Comunidad de Madrid, que encargó su reforma a Luis Moreno García-Mansilla y Emilio Tuñón Álvarez, que habilitaron el conjunto para Biblioteca y Archivo Regionales entre 1997 y 2002.

Otro gran edificio industrial es el de la antigua Fábrica Osram, actual sede de la Empresa Municipal de la Vivienda, que se encuentra entre el Paseo de Santa María de la Cabeza y las calles de Palos de la Frontera y Fray Luis de León. Es un magnífico ejemplo de funcionalismo de raigambre norteamericana, obra de Alberto de Palacio Elissague y Francisco Borrás Soler entre 1914 y 1916, años en los que la empresa alemana se instaló en España. Destaca por la racionalidad en la distribución de los espacios y la sencillez y belleza de sus fachadas al estilo de la escuela de Chicago, carente de los elementos decorativos historicistas presentes en el edificio contemporáneo de El Águila.

Cuatro son los edificios de los años 20 que han llegado a nuestros días en mejor o peor estado de conservación: las fábricas de Pacisa, Standard y Transportes Fluiters y la Central Telefónica de Delicias. La fábrica de galletas Pacisa, construida por Luis Martínez Díez en 1922 en el número 35 de la Ronda de Atocha nº 35 ha sido rehabilitado como Teatro Circo Price por Mariano Bayón Álvarez entre 2002 y 2006. Se trata de un edificio que presenta en su fachada mayores reminiscencias del eclecticismo que los anteriores.

La Central Telefónica de Delicias está situada entre las calles Batalla del Salado, Paseo de las Delicias y Pedro Unánue. El edificio original fue construido por Ignacio de Cárdenas Pastor, autor también del rascacielos de la Gran Vía, y José María de la Vega Samper, entre 1926 y 1928. Este edificio de planta rectangular y acceso en chaflán fue erigido por la Compañía Telefónica Nacional de España, fundada en 1924, y todavía sigue en funcionamiento. En 1945 José María de la Vega y Paulino J. Gayo elevaron una planta y en 1952 adaptaron el interior. En los años 60 y 70 Francisco Riestra y Javier Gutiérrez Marcos ampliaron el edificio. Finalmente, entre 1986 y 1991 se ha construido un nuevo anexo que completa el conjunto. A pesar de todas estas adiciones el complejo conserva el estilo racionalista original.

La antigua fábrica de Standard Eléctrica, empresa fundada en 1926 y desde 1987 incluida en Alcatel, es un conjunto fabril que se encuentra muy próximo a la Biblioteca Regional, entre las calles Ramírez de Prado, Vara del Rey y Bustamante. El primer edificio, en la esquina de las dos primeras calles, era una fábrica de equipos telefónicos de conmutación y aparatos telefónicos. Fue construido por Álvarez Naya entre 1926 y 1928 con una concepción cercana al funcionalismo norteamericano de principios del siglo XX, como la fábrica de Osram. En los años 40 Pedro y José María Muguruza construyeron sendos nuevos edificios respetando el estilo del inicial. Entre 1997 y 1999 Alcatel ha remodelado y ampliado el conjunto para adaptarlo a sus necesidades.

De similares características, aunque más modesta, es la fachada de Transportes Fluiters en la calle de Murcia nº 10, que es lo único que queda en pie del edificio industrial construido por Augusto Sanz Marcos entre 1927 y 1928 y demolido hace apenas 20 años. Fluiters, fundada en 1906, fue una de las primeras empresas españolas especializadas en transporte de grandes volúmenes. Cabe mencionar, por último la fábrica del Somier Numancia, construida ya en la posguerra, concretamente en 1943 por Carlos López Romero en la calle de Rafael de Riego. Esta marca nació en 1912 y se transformó en 1956 en Flex.